domingo, 31 de octubre de 2010

El último testimonio de Unamuno

Unamuno (Breve biografía)


Cuelgo este curioso vídeo, realizado por alumnos del colegio Ayalde, sobre Unamuno, un tipo atrabiliario que pasará a la historia más que por sus contradicciones y sus obras por el coraje demostrado en el Aula Magna de la universidad de Salamanca, de la que era rector, en la inauguración del curso de 1936. Allí, tras el estremecedor grito del legionario Millán Astray, ¡Viva la muerte! ¡Muera la inteligencia!, replicó: Venceréis, pero no convenceréis.

Azorín



De Azorín, con la mala leche ibérica tradicional, alguien dijo que sus frases eran cortas como su mente, pero con independencia del juicio que a cada cual le merezca su deriva política, y aun admitiendo que su figura palidece ante la de sus compañeros de generación, Baroja, Machado, Unamuno, Valle-Inclán..., no hay que negarle el indudable mérito de haber aportado algún ensayo, el del Quijote o el de los pueblos castellanos, sin ir más lejos, así como alguna obra de carácter autobiográfico, dignos de tener en cuenta. En cualquier caso, tal vez su mayor mérito fuese sobrevivir a las andanadas iracundas que don Pío Baroja lanzaba contra todo bicho viviente. En este vídeo se le ve ya muy mayor, pero el documento merece la pena.

viernes, 29 de octubre de 2010

Artículo de Quim Monzó, para comentar

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¿Por qué no voy al teatro? Pues por diversas cosas. Porque siento vergüenza por los actores que están en el escenario, por ejemplo. No sólo por si lo hacen bien o mal, sino porque es aterrador que la respuesta del público se convierta en veredicto. Yo dejé de colaborar en televisión porque, en el programa en el que intervenía, había una grada con público. Yo decía mis cosas ¡y a veces ellos reían! En radio tienes sólo un micro delante, y si en casa la gente ríe o llora no te enteras. Pero, en el plató, ese público se convierte en juez de tu actuación. Si entienden lo que dices y reaccionan, queda que lo has hecho bien. Si un día no reaccionan queda como que lo has hecho mal, aunque lo que en realidad suceda es que no han captado los dobleces de lo dicho. Eso es injusto.

No voy al teatro desde que se puso de moda que los actores bajasen del escenario y se metiesen con los espectadores. No voy por los sonsonetes, las cantarelles, las voces impostadas, los actores que sobreactúan... A los que sobreactúan no tendrían que llamarles actores. Actores son los que hacen su papel y punto. Los que sobreactúan deberían llamarse sobreactores. No me imagino a James Gandolfini en un bar, diciendo con tono impostado: "Sisplaau, caambreer... ¿Que em podrííeu posaaaar un carajiiillo de conyaac...?". No voy porque se nota que fingen. No son el Dux de Venecia, ni Madre Coraje. Lo simulan. Un actor de verdad es el mangui que en el chaflán de Sepúlveda y Viladomat te aborda, te explica que le han robado la cartera y que necesita veinte euros para coger el tren y volver a Tarragona. Tú dudas. Eso sí que es un actor. Sobre todo si finalmente le das los veinte euros y al cabo de dos días te lo vuelves a encontrar en otro cruce de calles, repitiendo la misma mentira.

No voy al teatro porque nunca me han gustado los grupos. No me gustan las cenas con más de cuatro personas, ni las reuniones, ni las fiestas. ¿Cómo me va a gustar el teatro, si está lleno de gente que a veces tose, estornuda y carraspea? He dejado de ir al cine más o menos por lo mismo. Eso sí: hay que reconocer una ventaja clara a favor del teatro. En los teatros no tienes al lado gente que no para de comer cacahuetes tostados, provista además de enormes vasos de Coca-Cola con pajitas de las que van chupando constante y ruidosamente.

jueves, 28 de octubre de 2010

Modernismo

Modernismo (Características).

   El Modernismo es un movimiento literario que surgió en Hispanoamérica y se introdujo en España a través del escritor nicaragüense Rubén Darío (1867-1916), cuyo libro Azul (1888) supuso para la poesía española el principio de la renovación.

   a) El origen de este movimiento está muy relacionado con dos escuelas poéticas francesas:

      - El Parnasianismo, que buscaba la belleza formal. De ahí el gusto del Modernismo por el verso brillante, sonoro y bien construido.
      - El Simbolismo, según el cual la poesía debía estar presidida por la musicalidad, el intimismo y lo oculto tras el símbolo.

   b) La temática gira en torno a los siguientes ejes:

      - El deseo de huida de la realidad, buscando países exóticos y lugares idealizados, así como épocas remotas y personajes mitológicos y legendarios.
      - El sentimentalismo y la melancolía, mediante los cuales el poeta expresa su intimidad.
      - La exaltación de la figura del artista como ser que busca la suprema belleza.
      - El erotismo, como superación de los prejuicios burgueses y símbolo de los personajes de la mitología clásica.
      - El progresivo acercamiento a la realidad indígena y a la Edad Media, como símbolos de la nostalgia por un pasado legendario e idealizados.

   c) Uso de un nuevo vocabulario. Se busca crear belleza por medio de la palabra, con un vocabulario especial y sugerente, sonoro y colorista. Se incorporan neologismos, cultismos, préstamos del francés, americanismoss y arcaísmos. Hay que resaltar la adjetivación expresiva y evocadora usada para crear ambientes inigualables.

   d) Aparición de nuevos recursos retóricos, como la sinestesia y el símbolo. También utilizan recursos tradicionales como el hipérbaton, las imágenes o la aliteración.

   e) Utilización de nuevos esquemas métricos. Se renueva el uso del alejandrino, el eneasílabo o el dodecasílabo. Se modifican o inventan nuevas estrofas, como los quintetos dodecasílabos o los sonetos de arte menor. Se distribuyen los acentos en el verso según el efecto que se pretende conseguir. Se utilizan rima asonante, consonante y versos libre

Palabras para Julia (y para N., que se nos va, y para E., que se nos queda)

miércoles, 27 de octubre de 2010

Moliére

Paradojas de la vida: el pobre Moliére murió mientras representaba El enfermo imaginario, obra en la que satiriza a los hipocondríacos. En su última representación iba vestido de amarillo, lo que convirtió este color en algo gafe y provocó la superstición eterna de los actores. Eso sí, antes de morir nos dejó un puñado de personajes inolvidables, con el mítico Tartufo, símbolo de la hipocresía, a la cabeza. La nobleza y el clero lo odiaron a muerte, como era de prever, y de no haber sido por el apoyo incondicional del rey, Luis XIV, nadie habría dado un centavo por su supervivencia.